Cada día, sobre las seis de la tarde, Ramiro, o Lucio, o cómo se llame, atraviesa el pueblo, baja el barranco y se pierde por el río. La gente no sabe por qué lo hace, o dónde va, o desde cuándo lo hace. Sin embargo, por mucha curiosidad que tengan, nadie se atreve a preguntárselo.
Cuentan que, hace décadas, unos niños le siguieron y no regresaron. La gente sospechó de Ramiro, ¿cómo no?, incluso las autoridades le interrogaron, pero él no sabía nada.
Los niños, sin embargo, aparecieron seis semanas después. Fue extraño porque para ellos era como si no hubiera pasado el tiempo, como si se encontraran en el mismo día que desaparecieron y nada hubiera cambiado.
Pero algo sí cambió: ellos. Aun así, la vida quiso seguir como siempre. Pero estaba ese cambio: los niños se volvieron taciturnos, solitarios, huecos. Como si les faltara el alma.
Afortunadamente, eso no es cierto, solo una de las miles y maliciosas leyendas que han salido del fenómeno «Ramiro». Lo único cierto es que hoy en día, no se sabe cuantos años después, Ramiro, o Lucio, o cómo se llame, a las seis de la tarde atraviesa el pueblo, baja el barranco y se pierde por el río. Lo que también es cierto es que la gente ya no se pregunta dónde va, aunque la curiosidad haya aumentado. Solo agacha la cabeza, continúa con lo suyo y finge indiferencia. Sobre todo eso; y es que hay tentaciones que es mejor dejar pasar.
![]() |
| Clica en Relatos para leer el resto |

